Visión DPG

18 noviembre, 2025

Internacionalización ibérica: España y Portugal en la economía mundial, informe de 2024. Universidad de Nebrija

18 noviembre, 2025

Internacionalización ibérica, el significado para tu empresa.

España y Portugal ya no son solo economías “abiertas”: son dos mercados claramente integrados en la economía global, con un grado de internacionalización superior a su peso en el PIB y en la población mundial.
La importancia para tu empresa: marca el contexto competitivo en el que vas a decidir invertir, crecer o diversificar.

  1. Economías muy abiertas: más riesgo… y más oportunidades.
    En 2023, el comercio exterior (bienes y servicios) supuso casi el 93% del PIB en Portugal y alrededor del 73% del PIB en España.
    Las empresas operan en entornos muy expuestos a la demanda internacional, los ciclos globales y las tensiones geopolíticas.  Pero a la vez, existe un ecosistema muy desarrollado de proveedores, clientes, servicios logísticos y financieros vinculados al comercio exterior.
  2. España y Portugal “pesan” más fuera de lo que indica su tamaño: el peso de ambas economías en exportaciones e importaciones mundiales y la inversión extranjera directa (entrante y saliente) es superior al que les correspondería por población y PIB.
  3. El sector exterior como motor estable, no solo coyuntural: en los últimos diez años, España y Portugal han mantenido saldos por cuenta corriente equilibrados o ligeramente positivos y un peso de las exportaciones sobre el PIB cercano al 50% en Portugal y 40% en España.
  4. ¿Qué exportan las economías ibéricas… y dónde están los huecos? Las exportaciones de España y Portugal se concentran en:**Tecnología media-alta: maquinaria, automoción, bienes de equipo.**Tecnología media-baja: alimentación y bebidas, textil (especialmente en Portugal), etc.
    (Si estás en media-alta o media-baja tecnología, navegas en un entorno donde ya existe experiencia exportadora, canales consolidados y clientes internacionales acostumbrados a comprar a proveedores ibéricos) (Si estás en alta tecnología, tienes espacio para posicionarte donde todavía hay margen de crecimiento: soluciones digitales, salud, biotecnología, IA, cloud, ciberseguridad, etc…)
  5. Europa sigue mandando, pero la diversificación ya está en marcha: La mayor parte de las ventas al exterior se concentra en Europa, pero tanto España como Portugal están diversificando hacia Estados Unidos y Asia.
    Europa seguirá siendo el primer escalón lógico de internacionalización, pero la estrategia a medio plazo pasa por no depender en exceso de un solo mercado europeo y evaluar oportunidades en EE. UU. y mercados asiáticos donde la demanda crece más rápido.
  6. El lugar de las PYMES como protagonistas: Su peso tanto en el número de empresas exportadoras como en su contribución al volumen total exportado es muy relevante y, en el caso de España, se sitúa por encima de la media europea.
    Si eres pyme, tus retos son compartidos por muchas otras empresas y, además, existen instrumentos específicos para apoyar la salida al exterior, como programas públicos, financiación especializada o consorcios de exportación. Si eres una empresa de mayor tamaño, las pymes pueden convertirse en socios comerciales —subcontratistas o proveedores especializados— y también en una vía eficaz para crear redes de colaboración en nuevos mercados.
  7. La gran revolución: servicios no turísticos y servicios digitales.
    Uno de los cambios más importantes para las empresas es el auge de los servicios no turísticos: desde el año 2000, sus exportaciones se han multiplicado por cuatro en España y por seis en Portugal, hasta el punto de que en 2024 ya generan más ingresos que el propio turismo en ambos países.
    Destacan especialmente los servicios prestados digitalmente, como los servicios TIC, los servicios empresariales y profesionales, los servicios financieros y de seguros o los vinculados a la propiedad intelectual y a los contenidos audiovisuales;
    Portugal, de hecho, ha disparado sus exportaciones digitales a ritmos cercanos al 20% anual desde la pandemia.
    Para tu empresa, esto significa que si ofreces servicios que puedan prestarse online dispones de un contexto muy favorable para vender sin necesidad de presencia física y escalar a otros mercados sin grandes inversiones en infraestructura, y que incluso si vendes productos físicos puedes añadir capas de servicio digital —como mantenimiento remoto, formación online o soluciones SaaS complementarias— y diferenciarte no solo por el producto, sino por el ecosistema de servicios que lo acompaña.

  8. Tres decisiones estratégicas que tu empresa debería plantearse:
    **Modelo de mercados:
    Es necesario revisar el modelo de mercados de la empresa y preguntarse si sigue centrada casi exclusivamente en el mercado doméstico o si existe ya un plan claro para aumentar el peso de las ventas internacionales en los próximos años.
    **Propuesta de valor internacional: También conviene analizar la propuesta de valor específicamente en el ámbito internacional: ¿qué hace realmente competitiva a la empresa fuera? —el precio, la especialización, el servicio, la rapidez, la personalización— ¿y si está posicionada en la “gama correcta” (media, media-alta o alta tecnología) en función de sus capacidades actuales?.
    **Digitalización y servicios: Por último, resulta importante valorar hasta qué punto parte de la oferta puede convertirse en servicios digitales exportables y si la empresa está aprovechando de verdad la infraestructura y el talento disponibles en España y Portugal para impulsar esa digitalización y su potencial de internacionalización.

Inversión extranjera directa en la Península Ibérica: oportunidades reales

La inversión extranjera directa (IED) está atravesando una de esas fases en las que el ruido geopolítico y la incertidumbre económica parecen imponerse a todo lo demás. Los datos globales muestran una realidad incómoda: en 2023 los flujos de IED rondaron los 1,33 billones de dólares y, una vez se eliminan los movimientos puramente financieros que pasan por centros europeos, la caída real se acerca al 10% respecto al año anterior. Desde los máximos de 2015, la tendencia es claramente bajista.

Sin embargo, detrás de este enfriamiento de los flujos anuales hay una historia distinta cuando se mira el largo plazo. El stock global de IED –es decir, la inversión ya asentada en los países– creció más de un 10% en 2023 y se ha duplicado en la última década, a pesar de la pandemia, de la volatilidad financiera y de las tensiones geopolíticas. Las multinacionales no han abandonado sus estrategias de implantación internacional; las han redefinido. Lo que ha perdido terreno son las grandes operaciones de fusiones y adquisiciones transfronterizas, que se desplomaron casi a la mitad, y la financiación internacional de proyectos, especialmente en infraestructuras. En cambio, los proyectos greenfield, aquellos en los que se crea nueva capacidad productiva, han seguido creciendo tanto en número como en volumen, con un protagonismo creciente de la industria manufacturera. Cada vez más, la IED se orienta hacia la resiliencia de la cadena de suministro, la diversificación geográfica y el cumplimiento de marcos regulatorios y objetivos de sostenibilidad cada vez más exigentes.

En este contexto, la Península Ibérica ocupa una posición peculiarmente interesante. Portugal, por ejemplo, ha consolidado un rol estable como receptor de IED. En 2023 recibió algo más de 7.200 millones de dólares de inversión extranjera –con un descenso respecto al año anterior, alineado con la tendencia global–, pero manteniendo una cuota en torno al 0,5% de los flujos mundiales y un stock que ya roza los 200.000 millones de dólares. Lo verdaderamente relevante está en la dinámica: Portugal encadena años con más de 200 proyectos greenfield anuales, alcanzando su récord histórico en 2022 y registrando en 2023 el valor de inversión más alto de la serie, con más de 7.500 millones asociados a estos proyectos. Al mismo tiempo, se ha colocado entre los veinte principales destinos del mundo en operaciones de fusiones y adquisiciones, con decenas de compañías locales integrándose en grupos internacionales.

Nada de esto es casual si se mira el marco institucional. Portugal figura sistemáticamente entre los países con menos restricciones a la inversión extranjera, sin sectores prohibidos de facto más allá de los ligados a seguridad, defensa u orden público, y con un sistema de incentivos y acompañamiento gestionado por AICEP que refuerza el atractivo del país para grandes proyectos. Para muchas empresas españolas, eso ha convertido al mercado portugués en una extensión natural del doméstico: Portugal es, de hecho, uno de los países con más filiales españolas en el exterior. Centenares de compañías operan allí, generando decenas de miles de empleos y una cifra de negocio que no ha dejado de crecer, pero con una característica interesante: son, de media, filiales más pequeñas que las que España tiene en otros grandes mercados. Dicho de otro modo, Portugal no sólo es destino de grandes multinacionales, sino también de empresas medianas que dan allí su primer paso internacional.

España, por su parte, juega en otra liga por tamaño, pero comparte buena parte de los rasgos de fondo. En 2023 recibió en torno a 36.000 millones de dólares de IED, lo que la colocó entre los diez principales destinos de inversión del mundo y entre los tres primeros de Europa. Al mismo tiempo, las empresas españolas invirtieron más de 30.000 millones en el exterior, situando al país entre los grandes emisores globales de IED. El stock de inversión extranjera en España roza ya los 900.000 millones de dólares y representa cerca del 2% del total mundial, una proporción muy superior al peso del país en el PIB global.

También aquí la fotografía cambia cuando se entra al detalle de los proyectos. España figura de forma recurrente entre los primeros destinos del mundo en número de proyectos greenfield anunciados, sólo por detrás de economías de referencia como Estados Unidos, India, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido o Alemania. Es decir, más allá de adquisiciones puntuales, hay un flujo constante de nuevas plantas, centros logísticos, servicios compartidos y proyectos industriales que eligen el territorio español. En operaciones de fusiones y adquisiciones, España se sitúa igualmente entre los principales destinos en número de transacciones, lo que refleja un mercado empresarial dinámico, con un tejido corporativo que sigue siendo objetivo prioritario para inversores extranjeros.

Esa capacidad de atracción se refleja claramente en el peso de las filiales de capital extranjero en la economía española. Aunque representan una fracción muy pequeña del número total de empresas, concentran cerca de un tercio de la cifra de negocios, una parte muy relevante del empleo y más de dos quintas partes de las exportaciones. Han demostrado, además, una capacidad de creación de empleo superior a la media desde la crisis financiera. Entre los países de origen de estas inversiones domina claramente Europa, seguida de Estados Unidos y Reino Unido, pero Portugal se ha ido abriendo un espacio apreciable. El número de filiales portuguesas en España se ha más que duplicado desde 2008, hasta superar las cuatrocientas, con decenas de miles de empleos y más de veinte mil millones de euros de facturación. Para muchas compañías portuguesas, España es la puerta de entrada a un mercado más amplio en volumen, más diversificado sectorialmente y con un papel propio como plataforma hacia Latinoamérica.

La realidad, vista en conjunto, es que la Península Ibérica ha dejado de ser simplemente un conjunto de dos mercados vecinos para convertirse en un espacio de inversión profundamente integrado. Capital español que se despliega en Portugal, capital portugués que se consolida en España, y una corriente constante de inversiones de terceros países que utiliza Iberia como base de operaciones para Europa, África o América Latina. Este entrecruzamiento de flujos crea un ecosistema particular: regulatoriamente estable, muy abierto al exterior y con una combinación de sectores maduros e industrias emergentes que resulta especialmente interesante para plantear proyectos productivos, alianzas estratégicas o adquisiciones.

Ahí es donde resulta considerable profesionalizar el proceso: entender el contexto regulatorio de cada país y sector, comparar costes y marcos laborales, analizar riesgos y oportunidades, elegir entre un proyecto greenfield o una entrada vía adquisición, o decidir qué funciones tiene sentido localizar en cada lado de la frontera (producción, back-office, logística, I+D, etc.).

La IED en la Península Ibérica no es sólo un flujo de capital; es una herramienta estratégica para redefinir el crecimiento de tu negocio en los próximos años.

ÚLTIMAS NOTICIAS​
Como constituir uma sociedade em Espanha?
Criar uma sociedade em Espanha é um processo relativamente acessível,...
Como constituir uma sociedade em Espanha?
Convocatoria de la Junta General por Outlook en las Sociedades de Capital
La transformación digital también ha llegado al ámbito societario, pero...
Convocatoria de la Junta General por Outlook en las Sociedades de Capital
Resolvemos tus dudas sobre…Diferencia entre Marca y Nombre Comercial.
Consulta sobre Derecho mercantil o propiedad intelectual "Registro de marcas...
Resolvemos tus dudas sobre…Diferencia entre Marca y Nombre Comercial.

NUESTROS CLIENTES